Aspirante a jefe de la banda
El etarra Rubenach, mi alumno aplicado


AMADOR VICENTE

Me llamó en marzo de 2000 por un anuncio, muy interesado en dar clases de francés. Llegó el primer día a mi casa próxima a la Plaza de la Fuente con un marcado acento navarro y al preguntarle me confirmó que era de allí, pero realmente era vizcaíno y mantenía el acento por su concurso en el comando 'Nafarroa', del que escapó igual que de otras redadas, para instalarse en una ciudad tranquila como es la nuestra. Juan Luis Rubenach llevaba huido de la justicia más de una década, desde sus inicios en la 'kale borroka'. Quería hablar solamente en francés, a pesar de su escaso nivel. rubnach

En principio me chocó que una persona del norte, próxima a la cuarentena, estuviera en Salamanca sin saber exactamente a qué se dedicaba, pues tampoco le pregunté por discreción, aunque me confió que era una especie de bohemio. La verdad es que su educación y aspecto sencillo me ayudaron a despejar la desconfianza. Y es que Juan Luis Rubenach, que pasaba por "Honorio", para el teatro no tenía precio.

Espabilado y puntual, durante el mes que le di clase me llamó un par de veces para decirme que andaba 'muy liado' y no podía acudir. Finalmente se disculpó comunicándome que debía dejar las clases porque no tenía tiempo. Recuerdo que me pagó tapando su mochila y sacando el dinero de espaldas a mí. Nunca le di importancia a estos detalles hasta que una visita inesperada de la policía a mi casa –hallaron mi teléfono en su agenda- me informó sobre este tipo, al que había tratado de ilustrar dándole algunas clases de conversación y gramática.
Al veterano etarra, al que volví a ver un par de veces por la calle acompañado, tal vez por alguien del 'gremio', se le veía espabilado y pasaba inadvertido. Incluso se permitía ir a jugar al tenis con un policía y tomar sus copas por la zona de Bordadores. En sus ratos libres también encontraba tiempo para ilustrarse con las revistas de electrónica que compraba en el kiosco, aunque al señor que se las vendía apenas le daba pocas explicaciones, como reconoció después el expendedor.

Rubenach huyó en noviembre de 2000 de Salamanca cuando detuvieron tras un fallido atentado al comando Madrid, al que él ayudaba fabricando las bombas en su casa salmantina. Se iban al Aldehuela o Gargabete de domingueros y cambiaban las bombas de una maleta a otra, y en ocasiones marchaban juntos a la capital de España para seguir preparando 'fechorías'.

"Honorio" escapó de la plaza de Castrotorafe que hiciera famosa, por la que pasó buen número de terroristas, a las pocas rub_venthoras de ser arrestados sus compañeros en Madrid. Por chivatazos de sus homónimos o escuchando siempre las noticias, estaban siempre bien informados. Cogió un taxi rumbo a Tordesillas y se lo perdió la pista.

En 2003 fue detenido con la cúpula de ETA en la localidad francesa de Pau. Era ya el jefe de Logística y número 2 de la banda. Con motivo de su extradición a España estos días he recordado también mis comparecencias en la Audiencia Nacional como testigo, donde tuve la suerte de no encontrarme con él. Sí estaba el resto del comando Madrid, que tanto sufrimiento engendró, en el banco habitual donde los vemos en los telediarios y con sus gestos y risas habituales, que acentúan más su miseria. Allí conocí a la casera de otra etarra del célebre grupo, Ana Belén Gurruchaga, que me contó de esta pistolera que tenía su trabajo normal haciendo fotocopias, escuchaba los telediarios con atención y en las noticas de los atentados insultaba y criticaba a los etarras con más fuerza que un demócrata, como una protagonista más de la farsa.

Los asesinatos del general salmantino Justo Oreja y el coronel Pedro Antonio Blanco forman parte entre otros actos terroristas del triste currículum de nuestro protagonista, que lo postergarán en la cárcel hasta la vejez. Como todos los crímenes perpetrados por ETA, con la anuencia de sus cómplices indeseables y el dolor sembrado entre sus víctimas, fueron inútiles dentro de una sociedad que no perdona.