El recuerdo no perdona

Por Amador Vicente

La reciente desaparición del Salamanca no se termina de asumir. El pasado se actualiza entre múltiples secuencias llenas nostalgia. Y en cada recuerdo particular de la UDS, una cierta amargura por la ausencia y el convencimiento de que ésta nunca debió llegar. Atrás quedó el eco de una afición, de los niños que acudimos al Helmántico con nuestros padres, de nuestros padres que no faltaban a las citas de El Calvario con nuestros abuelos, de tantas generaciones que albergaron el sentimiento unionista y de quienes vivieron después del año 2000 sus albores futbolísticos teñidos de blanco y negro, con el sinsabor de no haber podido seguir junto al equipo de su tierra y verlo un día entre los grandes.globos_escudo_uds_resoluc_.jpg

Aún valorando el bonito recuerdo del Helmántico engalanado de Primera división, en las antípodas de nuestras ilusiones gritando entre banderas en favor de unos colores, la actuación reiterada e insensible de los que con frecuencia sometían las decisiones a su voluntad y capricho durante lustros, con escaso altruismo, terminando con el sueño unionista.

En el tortuoso camino no faltaron compañeros de viaje, directivos despreocupados por una gestión con fecha de caducidad que disparaba los números rojos. Y aquéllos que, desde posiciones administrativas y asesoras en el club, veían, oían y callaban sin sonrojo. Mientras junto al silencio mediático y extrañas operaciones realizadas jugaban con la ilusión de todos, el Salamanca caminaba a fuego lento hacia el abismo.

Obligado es el reconocimiento al apoyo institucional y oportuno el lamento de que en el Helmántico regularmente no había una ingente presencia de seguidores. A pesar de todo, dentro de un cauce natural, la historia de la UDS debería seguir su curso, incluso con sus privilegiadas instalaciones, desaparecidas del registro patrimonial una vez más por la arbitraria gestión.

En el triste epílogo echamos de menos también una rueda de prensa de jugadores importantes y algunos entrenadores que nos deleitaron, y que encontraron en la entidad igualmente un trampolín definitivo en su carrera. La millonaria deuda no era un buen presagio de continuidad, pero nada se intentó para fomentar la última oportunidad de salvar al club con el correspondiente esfuerzo de todos, especialmente de los máximos culpables, o ansiados detalles de ex unionistas que se hicieron ricos y tanto querían a la Unión. Ningún movimiento que arrojara luz a una posible viabilidad.

Sin embargo, después de tanta decepción y egoísmo, el homenaje al esfuerzo despegado que mantiene las infraestructuras de la cantera y la ilusión de diversas plantillas de niños y promesas, pese a los golpes recibidos. Entre distintos episodios para el olvido que causaron la debacle del club, un capítulo para los héroes del Salmantino.
Y en el devenir del fútbol charro surgió Unionistas de Salamanca y tan elogiable labor para llevar lejos su proyecto. Una idea que ganará solidez y más partidarios aceptando alternativas, abandonando sorprendentes posturas de soberbia e intransigencia que neutralizan posibles fusiones y respetando al ‘filial’ que siempre quisimos todos.

A pesar de todo, el espíritu albinegro que casi cumplió un siglo, ojalá reaparezca un día en la ‘élite’, para seguir sufriendo y disfrutando de nuestra querida Unión Deportiva Salamanca.